la puerta y eras vos.
Fito Paez
estás volviendo,
venís con tu barba rala
a instalarte en mi pecho
y cavar mi tumba.
estoy naciendo,
sólo para que
me vuelvas a asesinar.
llueve y cuesta la noche
sin la posibilidad de tu ruleta.
-chau- dije
cuando debí morderme la lengua.
“fin” escribí en tu buzón
como una ametralladora.
una sola luna bastó
para el arrepentimiento.
ahora resta putearme en los espejos,
morir de canciones autobiográficas
y de estupidez.
fuera de vos no soy más que
un montón de huesos
jugando al gallito ciego,
condenada a palpar rostros
en donde nunca te encuentro.
son las seis de la mañana
en Corrientes y Medrano,
tengo sed y un tinto
semirobado en la cartera,
pero besarlo ya sería demasiado.
allá a la vuelta
quedó el final de una fiesta
de esas que no se esperan,
es bueno a veces bailar cachengue
como si el dolor no existiera.
un tipo con barba
se chamuyaba a otra
que nunca le iba a decir que sí,
si hubiera mirado a su derecha
no estaría ahora solo en su casa
y yo estaría escribiendo
otro poema.
en diagonal a la parada
una sucursal de la Continental
me recuerda aquella noche
cuando todo arrancaba,
mentiría si me hiciera la sorprendida,
si te dijera que no sabía que este
iba a ser el desenlace,
las perdices nunca fueron
una posibilidad real.
lo mismo me permito
por dos minutos delirar,
me avala el alcohol en sangre,
que estoy en tu barrio o casi,
y esa siempre es una buena excusa
para pretenderte.
podrías pasar en tu caballo moderno,
clavar los frenos y rescatarme,
llevarme a dormir a tu cama,
aprovecharte de la situación,
desayunarte mi alma y mi cintura.
no sería tu culpa esta vez.
si el barbudo sólo hubiera
mirado a su derecha…
el desvelo se
desprende de la lluvia.
la ansiedad piromaníaca
y sus víctimas:
pestañas, cigarrillos,
canciones, yerba.
tu nombre enquistado
en mis papeles.
mis ojos clavados
en el teléfono.
mis ojos abiertos
de par en par.
nada puede ser peor a éstas horas,
dan patadas las 13:48 hs. en la oficina
más apestosa del universo entero
y sé que aunque cite a Benedetti
no vas a venir a mancharme con papel carbónico.
andarás por ahí supongo,
libre como el viento libre que elige soplar
en otras regiones lejos, tan lejos
de éste corazón chorreando tinta.
andarás por ahí supongo,
arroz con leche sin leche,
bandera del abismo dónde caigo,
esquina sin posibilidad de encuentro,
tanguito que te canto: angurriento.
andarás por ahí supongo,
girando como gira una tortilla,
repleto de margaritas que te dicen: sí,
escondiendo la sortija,
lamentando no lamentarlo,
encogiéndote de hombros,
seguro de tu suerte.
andarás por ahí supongo,
enamorando mujeres
porque ese es tu oficio,
rompiéndoles el alma en pedacitos,
porque ni siquiera, ni siquiera,
soy exclusiva en eso.
Octubre de 2006
yo ya no tengo un corazón,
tengo apenas un muñoncito,
sólo eso queda de lo que alguna vez hubo.
mi corazón tenía,
como casi todos los corazones,
forma de corazón.
era de tamaño normal
y tenía un color azul noche,
mediando Abril llegaba
su tiempo de cosecha,
brindaba jugos agridulces que
yo transformaba en poemas.
te lo prestaba a cada rato,
un poco de buena,
y otro poco de interesada:
vos lo abonabas y todo crecía.
creo que mi corazón también era
bastante sabroso,
o por lo menos, tentador;
porque un día te lo llevaste a la boca
y en vez de besarlo le mandaste un tarascón
dejando sólo este muñoncito quejoso
que se parece a una lágrima.
una actitud pésima la tuya,
se ve que nadie te enseñó
que es de muy mala educación
dejar comida en el plato.