Mostrando entradas con la etiqueta de la lluvia y otras humedades. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta de la lluvia y otras humedades. Mostrar todas las entradas

18.7.12

foto



nunca voy a volver a ser tan linda
ni vamos a volver a estar tan lejos
como en esa foto
en la que estamos juntos.

8.7.12

bajo el aurilucar



bajo el auricular
ninguna ciudad queda tan lejos,
sin embargo, siempre
me termino quedando
con estas calles,
con estos Aires Buenos.

bajo el auricular
ninguno es pata dura
y todo sucede al ritmo que deseo.

bajo el auricular
soy lo que se me antoja;
una estrella de rock,
una ladrona de bancos,
tu actriz porno.

bajo el auricular
te siento en la mesa
de un cafetín y mantenemos
charlas donde no hay lugar
para la cobardía ni el tartamudeo.

bajo el auricular
nuestra coreografía de amor
se lleva todos los premios.

20.3.12

currículum II

sé que no tengo
un currículum muy alentador que digamos;
mi negación a los paragüas,
una ansiedad que es promesa fija de banquina,
un corazón disparador, disparado,
un amor de aquellos, con cicatriz en la rodilla,
días desbolados, noches desveladas,
una discografía esquizofrénica,
alergia al tilo y a la histeria,
el protocolo nonato,
y cierta atracción por todo lo inflamable,
son algunas cosas que no suman demasiado.

pero vos me gustás,
así de simple,
y así de tanto.

y aunque
sé que no tengo
un currículum muy alentador que digamos,
podrías evaluarlo.

5.3.12

llueve

llueve arriba y debajo de las nubes,
en el asfalto, sobre los edificios,
en tu balcón repleto de cactus
como mi jardín, donde también llueve.
desesperadamente, con furia,
buscando en los rincones
una respuesta más o menos razonable,
inundándolos.
llueve sobre el perro
que me mira con pena
y por suerte, no pregunta.
llueve en las botellas
que dejamos vacías
y se han vuelto a llenar
de lluvia.
llueve afuera del colectivo
y adentro lluevo yo;
lluevo con toda la cara,
tengo la nariz, la boca,
el ombligo todo llovido
o llorado, que no siempre
es lo mismo,
pero ocurre hoy uno de esos casos
en que se confunden las letras,
la materia, el significado.
llueve el mundo que se viene abajo
como yo sin tu abrazo.
no me sueltes, te pedí,
que si me soltás, me caigo.
y desde ese golpe a esta mañana,
pasaron ya diez años.
me miraste con ojos
de Libélula anunciando
y me envolviste,
no me sueltes, pensé,
no me vuelvas a soltar,
pero no pude pedir.
una gota cayó sobre mí,
dos, tres, cuatro.
me fui nomás,
renga, despeinada,
llovida o llorada.

15.12.11

reencuentro II

qué estupidez haber pensado
que ya no volvería
a escribir sobre nosotros,
así, de la manera en que
mejor sé nombrarnos:
enredados,
con todo lo que eso implica
y suda
y desvela.

tu gata con nombre
de ex novia, pobre,
miraba y no entendía,
¿qué hace otra vez
esta mina acá?

tantas veces me pregunté
lo mismo y no sabía,
pero creo que hoy sí
puedo darle una respuesta.

vine a palpar bien profundo
eso de la belleza,
a reafirmar que las mejores
noches son las que no se duermen,
a bailar un lento, a emborracharme,
a dejarme querer por tu dueño y a quererlo,
porque nunca pregunta por qué lloro,
porque me resucita la ternura
y siempre me deja baleada de poesía,
y es lindo como vos, pero menos arisco.

entre otras muchas cosas, a eso vine.
a recordarme a mi misma
quién soy.

21.10.11

otra historia criolla

son las seis de la mañana

en Corrientes y Medrano,

tengo sed y un tinto

semirobado en la cartera,

pero besarlo ya sería demasiado.


allá a la vuelta

quedó el final de una fiesta

de esas que no se esperan,

es bueno a veces bailar cachengue

como si el dolor no existiera.

un tipo con barba

se chamuyaba a otra

que nunca le iba a decir que sí,

si hubiera mirado a su derecha

no estaría ahora solo en su casa

y yo estaría escribiendo

otro poema.


en diagonal a la parada

una sucursal de la Continental

me recuerda aquella noche

cuando todo arrancaba,

mentiría si me hiciera la sorprendida,

si te dijera que no sabía que este

iba a ser el desenlace,

las perdices nunca fueron

una posibilidad real.


lo mismo me permito

por dos minutos delirar,

me avala el alcohol en sangre,

que estoy en tu barrio o casi,

y esa siempre es una buena excusa

para pretenderte.


podrías pasar en tu caballo moderno,

clavar los frenos y rescatarme,

llevarme a dormir a tu cama,

aprovecharte de la situación,

desayunarte mi alma y mi cintura.


no sería tu culpa esta vez.


si el barbudo sólo hubiera

mirado a su derecha…