23.6.11

pequeña rebelión de un miércoles cualquiera.

a veces hay que
romper un plato,
o dos o una docena,
alzar la voz
hasta quebrar las copas,
poner cara de traste
decir: no quiero,
no me gusta,
no comparto.
salir por ahí
a afanar besos,
no esperar a la noche
para viajar a las estrellas,
no esperar a que venga
y salir a buscarlo,
a veces hay que
reírse del propio llanto,
pintar en una pared “volvé”
o “no vuelvas”
pero pintar una pared.
planear el robo a un banco,
encadenarse a los versos,
naufragar en saquitos de té,
putear a los balances.
a veces hay que hacerlo,
revelarse contra el televisor,
contra Cohelo, Bucay
y sus lecturas de bajas calorías,
dejar de medir las distancias,
desempolvar los mapas y la lencería,
afilar los sueños,
abrir las alas,
emprender vuelo.

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